ra:
A veces quisiera qua ya no hubiera nada entre nos, sólo para poner este video a todo volumen y que la canción se adecuara a la situación triste, bochornosa, desperdiciada de habernos dicho adiós ra, adiós ru.

ru.

Qué cursis somos. Qué cursis somos tú y yo, y en general casi todos los mexicanos. Qué triste.

No sé por qué tenía en mi memoria que yo de chiquito había visto el II Festival de la Canción Latina. Pude haber jurado, inclusive, que yo había estado en el auditorio, que yo le había aventado flores a José José, que yo estaba sentado al lado de una berreante Angélica María, que me bajé porque me daba pena pensar si lloraba porque la habían dejado o la estaba dejando el tiempo, pinche tiempo, o simplemente porque un príncipe la puso triste, que bajando los escalones me encontré a Marco Antonio Muñiz, con la quijada trabada, con la mirada perdida por la coca que, decían, se metía, o porque se había enamorado del Príncipe y algo nacía y se rompía dentro de él o porque un grande puede admirar a otro grande, afirmaría tajantemente que Alberto Vázquez, con su icónico cigarro, de tanto manotazo se había roto el tercer y cuarto metatarsiano, y que no lo importó y que sus dedos sonaban como matraca. pero recordaba que El Príncipe había ganado ese concurso, y ahora que me encontré este video en Youtube me doy cuenta que quedó en tercer lugar a pesar de lo que decía la gente, y también caí en razón de que ese festival sucedió en 1970, a 5 años de mi primer cumpleaños y me di cuenta de que por causa del tiempo no podía haber yo estado ahí, por el pinche tiempo namás.

Recuerdo que José José vivió mucho tiempo en la sala de mi casa de Pisagüa, en Valle del Tepeyac, tan lejos de Dios y tan cerca de Lindavista. Ahí se paseaba madrugadas enteras, se bebía cubas que insuficentes para acallar sus cantos se bebían en en cubetas de acero que sí oxidaba. ¿Cómo venía El Príncipe a mi casa? Lo invitaba mi tío León, y lo recibía mi padre y mi madre y muchos amigos que cantaban y lloraban porque todos eran bien cursis. Y yo desde mi cuarto sólo esperaba el momento en que el alcohol, que bien dice Homero Simpson que es el remedio y la causa de todos lo males, cumpliera su cometido fatídico y despertara todas las pasiones que guardaba en la gargánta de Pepepepe, y desatara reclamos y rencores y comenzara una pelea de gallos en forma de gritos.

Recuerdo a mi primer novia y a mis amigos en mi cuarto de azotea con un par de botellas de ron y oyendo, al final, al agotamiento de las botellas, al Príncipe, como tratando de recuperar esas épocas y reparándolas porque nosotros no peleábamos, nosotros curábamos esas épocas cantando todos: quéeeee tristeeeee fue deciiiirnos adióooos..

No sé cuándo José José dejó de ser el príncipe para convertirse en el sapo de la canción, revés de cuento desafortunado donde el villano es el tiempo. Pinche tiempo. Qué triste.

Adiós dulce Príncipe, adiós triste Príncipe, nos dejaste tu voz y no te guardaste nada y por eso ahora nos puedes ni hablar. Sayonara Triste José, nos dejaste tu imagen en YouTube y nos heredaste una forma de beber: -¿Cómo quiere su cubita joven?- me señala el mesero apuntando hacia el vaso. -Como las de José José- le respondo, sabiendo que me voy a poner pedísimo.

Odio a este niño

agosto 29, 2007

Odio a este niño; ni siquiera se merece el odio jarocho, porque ese es chistosón. Antes, para crear paisaje a este comentario, debo decir que provengo de una familia católica mexicana; no puedo decir prototípica porque esta familia más bien se acerca a una familia México-itálica: todos se quieren y se ayudan mucho pero también gritan en las comidas y en las bebidas, sobre todo en las bebidas. Se aman, se quieren matar, se lavan y se vuelven a amar. Solemos comer muy bien y nos la pasamos idém (valga el acento para causar rima). Bueno, pues yo fui creado y criado de esta familia eminentemente católica y esa religión profesé hasta que un día al dejar pan de regalo a los padres me impidieron el paso al atrio ya que iba a llegar “El Santísimo”. No lo entendí. Yo iba a elevar el espíritu de la carne (y el pan del Cisne) al darle a comer a los empleados de Dios, par que éstos tuvieran fuerzas para apurarnos a la vida santificada. Pero ¡oh gran decepción! Los esbirros de Jesús me impidieron el paso ¡a mi casa! Desde entonces a la fecha, he profesado mi más profundo anticatolicismo, para ser más justo, profeso la antireligiosidad: según yo casi todas las religiones tienden a embrutecer al hombre.

Aún así respeto todas las creencias, menos a los idiotas que creen que Maradona es un dios (creen en una entidad gorda y egocentrista y cocainómana que lo único que sabe hacer bien es jugar futbol). A los que no respeto en absoluto es a aquella basura que abusa de la fe y de la necesidad de la gente para sacarles dinero o abusar mental o sexualmente de ella. No soporto a los predicadores.

Tampoco soporto a los niños inteligentes, esos que hablan como adultos, todo propiedad y buen decir. Y qué decir de los rucos que hablan como chavos para conseguir algo. No puedo terminar sin despotricar en contra de los fresas que hablan como nacos y viceversa.

Pues este niño tiene las dos cosas. Quién lo habrá cagado, porque este chamaco no nacío. Quién carajo lo entrenó para empezar a embaucar a la gente. Qué se cree ese pendejete para hablarle a la gente de lo que es bueno si no se ha drogado, tenido sexo, casado con alguien o de menos tener pareja. Cuántas veces ha cometido errores verdaderamente grandes de los cuales se haya tenido que arrepentir; cuántas veces se ha arrastrado del dolor de haber amado sin correspondencia, cuántas veces le han correspondido y se ha sentido el más dichoso. Imagino perfectamente a una señora muymalcojida diciéndole a su bofo esposo: mira amor, debe ser un nuevo Cristito. Y el idiota que asienta la cabeza y pone todas sus esperanzas en ese mequetrefe que hincha el bolsillo de sus papás que también lo bendicen por lo ratero que saliò. Pues bueno Cristito, estoy tallando los pilotes de madera, sacándole punta a las espinas y curtiendo los látigos, alguine te va a vender por unas monedas y no se va a ahorcar (Y pensar que hay niños que están jugando con metralletas y que podrían jugar canicas en sus cuerpos agujereados). Que no te encuentre pinche chamaco baboso, porque vas a conocer lo que es un zape.

La reina del breakdance

agosto 14, 2007

Ella es Ramirita de Jesús Hortencia del Campo Rodríguez, conocida en el centro como Dh4.ak@tack. ¿Por qué alguien con ese nombre de México profundo puede haberse ganado tal apelativo, propio de los modernos tiempos? A ciencia cierta o a magia negra, no lo sabemos, pero, como en casi todo, hay un par de versiones.

La primera habla sobre el primer nacimiento del breakdance o b-boying, no ese baile de bandas rivales del sur del Bronx, no, este fue mucho anterior. Rami, como le dicen en los alrededores del mercado donde labora como vendedora de hierbas e infusiones, recibió a una visita de un negro copetudo que le pidió, sin mediar presentación, que le vendiera un poco de weed señores, la mera yerba locotronic. Pero como D-tack -como también llaman- no sabía (ni sabe) inglés, pues nomás se le quedo viendo a ese negro copetudo. Un traductor sirvió como puente entre esa necesidad y la oferta del mercado. Ramirita se ve viejita, pero en sus tiempos era la curandera más linda del mercado y Mr. James Brown la invitó a su toquín de esa noche, hace más de 40 años. Después del concierto se reunieron en el desaparecido Hotel Regis y a tragos pasados, Ramirita y Brown fueron a quemartin les hablara. Ramirita, inocente pero vivaz se comenzó a soltar a la voz del negro copetudo, su cuerpo se comenzó a contorcionar y de movimientos rápidos y cadenciosos pasó a un estado robótico y acrobático. A James Brown, say it luod, i´m black and i´m proud, de tanto asombro se le bajó la pacheca.

No sé sabe si Ramirita y Jaime compartieron becho y lecho, de lo que se debe estar seguro es que después de ese viaje el baile de Mr. Brown cambió drásticamente, y con el paso del tiempo el paso del tiempo también cambió la forma de bailar y contorcionarse en las calles de Detroit, Nueva York y el mundo.

La segunda versión es que Ramira, que algunos deforman hasta el Remi, es la madre de todo México. Que con ese cuerpecito endurecido por los años, el comercio y el trajín diario, soporta el ánimo de toda una nación y que mientras haya ramiritas sueltas que tengan el ánimo de contagiar el aplauso ante las proezas, siempre habrán personas que le aplaudan a esas ramiritas y de aplauso en aplauso podemos sostener este país tan chingón.

El gusto por la canción Oh! mama, ella me ha besado no llegó a mi con el disfraz de placer culposo sino hasta el fin de mi preciada pubertad. Mi interés no era meramente musical, de hecho me cagaba la música ligera, mas bien era un desliz de mi mente ante la frase (y cito completa para contextualizar): Uo mamá, ella me ha besado, uoooo, uooo mi mamá. La verdad, me partía de risa. Recuerdo por un momento haber contado ese chiste y cantado esa canción en los momentos menos indicados: en la comida con mi madre y mis hermanos, pedísimo en la cantina con mis hermanos y mi padre, en la pacheca con mis amigos, a la hora del amor con mis novias, para mí en mis soledades, ante desconocidos buscando llamar su atención…

De hecho la canté la última vez que me enredé en senda trifulca, ahce ya varios años. Lo narro brevemente: mi hermana, su (ex)novio, una exnovia y yo acompañamos a mi madre a la terminal de autobuses del norte, mejor conocida como la Terminal de Autobuses del Norte. Como íbamos montando a galope sobre la hora de salida, tuvimos que cometer el terrible acto de interponernos en la fila de taxistas que esperaban turno para los pasajeros que recién iban llegando y que rezaban a esa hora de la noche por sus pantuflas, un chocolate caliente y una concha (en el sentido mexicano y argentino  de la palabra). No miento si digo que faltaban 20 autotaxis antes del turno de salida del que nos le habíamos metido. Sin óbice de esta situación, el taxista insultó con toda fiereza a mi madre y hermana, no les dijo hijas de su repinche cola porque su imaginería no llegaba a tan altos vuelos. Primero le pedimos disculpas: sí cómo no hijo de tu chingada puta madre, me respondió en una oportunidad. Como a mi exnovia no el gustaba (y no creo que a ninguna mujer le guste) que yo me peleara, decidí ignorar al interpelado ese. El tipo siguió con sus improperios, al final le espeté un pinche ruco amargado, que no creo que haya sido tan insultante como para que a la hora de entrar yo al auto, desafortunadamente de espaldas, me haya colocado -cabe decir, no con poca fuerza- la punta de su zapato en el hueso queniés, es decir entre los testículos y el ano. Mi bella expareja me vio con cara de no pues, creo que esto es un insulto que puedes considerar mayor y probablemente quieras armar la grezca.

Tomé mis lentes de argolla (usaba lentes) y se los ofrecí a la que me miraba con temor; los tomó, salí del auto y el tipo envalentonado por los varios amigos que lo rodeaban, se reía de mi. Recuerdo la textura de su suetercito de rombos navideño, y digo que lo recuerdo porque lo alcé en vilo con todo y el dueño y con la fuerza de la caída de su peso y el mío, que suelo ser robustito (como se dice estoy bastante recuperadito), caímos pesadamente sobre el chapopote endurecido. Procedí a apoyar mi codo con cierta velocidad contra su cara, esperando que esta rebotara contra el suelo y que abriese una pequeña herida, quizá una pequeña rendija, en su terca cabeza. Despúes de un minuto en la dinámica, quise cambiar de estilo al puñetazo con mano izquierda su mejilla, pero el diablillo aquél movió la cabeza y mi puño cual cometa mató a unas cuantas hormiguitas del suelo.

Los amigos del rival, conscientes de que se había pasado de la línea de la decencia sólo lo ayudaron al último, cuando corrí al auto y fingieron escándalo pateando el auto de mi cuñado. Los cuatro nos reímos como curas borrachos rumbo al burdel. En ese momentó sólo pude atinar a cantar, sí, adivinan, Uo mamá, Uo mamá, ella me ha besado, uo mo mamá, y como siempre expuse el cometario ¿por qué se acuerda de su mamá?. Reímos como curas borrachos saliendo del burdel.

A la fecha no se ha resuelto el dilema materno-pabloruiziano. No quisimos abundar en las teorías que reyaban en la homofobia, de hecho Pablito no escribió la letra de la canción, pero… qué tal la hubiera “sugerido a huevo” y ahí pudiera exculparse del hecho de que algunas vez se haya enamorado de su madre, de qué él, gustoso, hubiera dado lo que fuera por regresar a los meses de nacido para regresar al seno (senos) de la madre; qué tal si en el cúlmen de la exitación infantil quasi pubértica veía a su santa con ojos de amor malsano y que un día, aprovechándose de que su madre le tendía el manto protector, Pablo, el hombre, le hubiera tomado por el cogote y la hubiera besado lengua de por medio. Realicemos una breve exégesis de la letra.

Ella es mi amiga (una madre es siempre la mejor amiga),
Mi amiga fiel (¿quién más fiel que una madre?)
Es una dulce gota de miel juega en mi mente sin descansar (miel es dulce, dulce es madre, no descansa obvio porque se desvive por su hijo)

Besa mis labios (ay mamá, ya te pasaste un poquito),
Me hace vibrar (y besa bien la jefecita).

Oh mamá (quitémosle el “ella”) me ha besado
oh mamá estoy enamorado ( pues así cómo no me enamoro).
Oh mamá (ella) me ha besado
oh mamá estoy enamorado (de ella)
oh (pongamos: se siente raro porque es…) …mi mamá.

Abrazo el aire cuando no está (Pablito se ve que ya está bien transtornadito y no es para menos)
Pensando en ella puedo soñar (le ha de haber dado de esa materia que contiene el sueño de los héroes)

Sé que la quiero tal como es (viejita y todo pero sabrocita)
Simple y silvestre niña y mujer (uff un volcán de mamá)

coros, se repite.

Pablito, a mi no me queda duda, eres un pillín.

Weng Weng me gusta porque tiene actitud. Weng Weng me parece correcto porque toma cocacola de la botella y no del vaso como un pichicato. Weng Weng me cae bien porque enamora a mujeres guapas del doble de estatura y peso. Aprecio a Weng Weng porque puede pegarle a la gente en los bajos y nadie se lo puede reprochar y cuando acuchilla sólo lo puede hacer en el bajo vientre y esta es una muerte dolorosísima, que es el tipo de muerte que se merecen los criminales del cine. Lo mejor es Weng Weng es que en lugar de decir manos arriba, decía manos abajo, donde él las podía ver. Weng Weng nació enano,  casi calvo, bajo el signo de virgo y en lugar de analizarse para posteriormente tirarse a un pozo filipino estudió artes marciales, hizo carrera en el cine y en la televisión; también lo admiro porque hizo un dueto con Imelda Marcos cantando My Way: pocos más que ellos hicieron las cosas a su manera y por eso me gusta.

Ayer, descansando el esfuerzo que supone contestar correos electrónicos -para mí, detrás de cada correo electrónico hay un cliente-, me enteré en Reforma.com que habían atrapado al Coco. Inmediatamente dejé de ver la pantalla, solté el mouse y alejé la mano izquierda del tablero, como si hubiera tocado una parrilla recién apagada. Ni la máquina del tiempo mejor diseñada (en el proyecto hubieran participado Steve Jobs, Richard Branson, Peter Greenaway y Julio Verne) me hubiera situado tan rápido en mi niñez.

Recordé, como recordaremos muchos, los ojos secos de tanto no dormir por voltear a ver el armario o el techo, imaginando cómo era ese señor o ente que siempre estaba al acecho, tras la puerta del propio cuarto o de la casa, esperando a que no comiéramos, no hiciéramos la tarea o no guardáramos los juguetes. Yo lo imaginaba blanco, amorfo, enorme, con pelos blancos como mechas saliéndole del cráneo y de la barba, vestido con andrajos onda grunge. No sé si por confusión de mitos el Coco tenía un costal o si al Sr. del Costal le habían asignado mi colonia (por Lindavista) o si el Sr. del Costal era monstruo y comerciante y le vendía costales al Coco; en fin, tampoco ayudaba que mi abuelo tuviera una panadería.

Me imaginaba ya dentro del costal, cargado por el Coco quien hacía transacciones con mi abuelo comprándole costales: no pus los de harina se me resbalan, mejor de azúcar Don Benja, y mi madre regateando el precio por mis huesos y luego mi madre contando el dinero para comprar leche, pero ¿para qué quería más dinero para la leche si ya no estaba su querubín y sólo hubiera quedado mi hermana Paola?

No sé qué horrores tengan ahora los niños, quizá al Sr. Virus del Sida, a la a lo mejor sólo tienen miedo a La Vieja de la Clave y se les olviden todas sus passwords y números de usuario de entrada al Blogger, Hi5, Youtube, Hotmail, Yahoo, Gmail, SecondLife, Flickr, Ringo…

En fin, de esos monstruos no sé como se protejerán, pero niños del mundo, el Coco se encuentra detenido, se llama Marcelo Fernando Martínez Gonzálezy cometió su última fechoría al privar de la vida a una maestra en el Colegio Churchill, bajo la influencia de ciertos alcaloides.

coco.png

En México, país riquísimo en malabares lingüisticos donde reina el albur, los apodos gobiernan y los piropos se extinguen, se encuentra un ave rara que surca el imaginario popular y sirve, si es que eso sirve para algo, para denostar a alguien: los insultos compuestas. Ejemplos, hay varios: el chingaquedito, el mátalascallando, el lamehuevos, la nalgafloja y su contraparte el pitofácil, el robachicos, el comecuandohay o el comesolo o su pariente el sinamigos, el muerde almohadas y su fiel cómplice el soplanucas. Hay peores personas y ellos merecen peores apelativos, uno de esos casos es con el que quiero contribuir a este neovocabulario: el robacocaínas. Este tipo o tipa irá a tu casa o te acompañará después de una borrachera finjiendo con una buena charla, beberá copas contigo, es más, hasta invitará las chelas o los tragos. Para ganar confianza se esnifará un par de rayas contigo y tú, blandito, dejarás la bolsa o el papel a disposición, pero, en el momento cumbre de la noche, cuando la cocaína deja de ser un vil atractivo a convertirse en artículo de primera necesidad, te darás cuenta que te han birlado tu cachito de cielo.

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