Pocas personas tan ruines
Junio 7, 2007
En México, país riquísimo en malabares lingüisticos donde reina el albur, los apodos gobiernan y los piropos se extinguen, se encuentra un ave rara que surca el imaginario popular y sirve, si es que eso sirve para algo, para denostar a alguien: los insultos compuestas. Ejemplos, hay varios: el chingaquedito, el mátalascallando, el lamehuevos, la nalgafloja y su contraparte el pitofácil, el robachicos, el comecuandohay o el comesolo o su pariente el sinamigos, el muerde almohadas y su fiel cómplice el soplanucas. Hay peores personas y ellos merecen peores apelativos, uno de esos casos es con el que quiero contribuir a este neovocabulario: el robacocaínas. Este tipo o tipa irá a tu casa o te acompañará después de una borrachera finjiendo con una buena charla, beberá copas contigo, es más, hasta invitará las chelas o los tragos. Para ganar confianza se esnifará un par de rayas contigo y tú, blandito, dejarás la bolsa o el papel a disposición, pero, en el momento cumbre de la noche, cuando la cocaína deja de ser un vil atractivo a convertirse en artículo de primera necesidad, te darás cuenta que te han birlado tu cachito de cielo.
