El gusto por la canción Oh! mama, ella me ha besado no llegó a mi con el disfraz de placer culposo sino hasta el fin de mi preciada pubertad. Mi interés no era meramente musical, de hecho me cagaba la música ligera, mas bien era un desliz de mi mente ante la frase (y cito completa para contextualizar): Uo mamá, ella me ha besado, uoooo, uooo mi mamá. La verdad, me partía de risa. Recuerdo por un momento haber contado ese chiste y cantado esa canción en los momentos menos indicados: en la comida con mi madre y mis hermanos, pedísimo en la cantina con mis hermanos y mi padre, en la pacheca con mis amigos, a la hora del amor con mis novias, para mí en mis soledades, ante desconocidos buscando llamar su atención…

De hecho la canté la última vez que me enredé en senda trifulca, ahce ya varios años. Lo narro brevemente: mi hermana, su (ex)novio, una exnovia y yo acompañamos a mi madre a la terminal de autobuses del norte, mejor conocida como la Terminal de Autobuses del Norte. Como íbamos montando a galope sobre la hora de salida, tuvimos que cometer el terrible acto de interponernos en la fila de taxistas que esperaban turno para los pasajeros que recién iban llegando y que rezaban a esa hora de la noche por sus pantuflas, un chocolate caliente y una concha (en el sentido mexicano y argentino  de la palabra). No miento si digo que faltaban 20 autotaxis antes del turno de salida del que nos le habíamos metido. Sin óbice de esta situación, el taxista insultó con toda fiereza a mi madre y hermana, no les dijo hijas de su repinche cola porque su imaginería no llegaba a tan altos vuelos. Primero le pedimos disculpas: sí cómo no hijo de tu chingada puta madre, me respondió en una oportunidad. Como a mi exnovia no el gustaba (y no creo que a ninguna mujer le guste) que yo me peleara, decidí ignorar al interpelado ese. El tipo siguió con sus improperios, al final le espeté un pinche ruco amargado, que no creo que haya sido tan insultante como para que a la hora de entrar yo al auto, desafortunadamente de espaldas, me haya colocado -cabe decir, no con poca fuerza- la punta de su zapato en el hueso queniés, es decir entre los testículos y el ano. Mi bella expareja me vio con cara de no pues, creo que esto es un insulto que puedes considerar mayor y probablemente quieras armar la grezca.

Tomé mis lentes de argolla (usaba lentes) y se los ofrecí a la que me miraba con temor; los tomó, salí del auto y el tipo envalentonado por los varios amigos que lo rodeaban, se reía de mi. Recuerdo la textura de su suetercito de rombos navideño, y digo que lo recuerdo porque lo alcé en vilo con todo y el dueño y con la fuerza de la caída de su peso y el mío, que suelo ser robustito (como se dice estoy bastante recuperadito), caímos pesadamente sobre el chapopote endurecido. Procedí a apoyar mi codo con cierta velocidad contra su cara, esperando que esta rebotara contra el suelo y que abriese una pequeña herida, quizá una pequeña rendija, en su terca cabeza. Despúes de un minuto en la dinámica, quise cambiar de estilo al puñetazo con mano izquierda su mejilla, pero el diablillo aquél movió la cabeza y mi puño cual cometa mató a unas cuantas hormiguitas del suelo.

Los amigos del rival, conscientes de que se había pasado de la línea de la decencia sólo lo ayudaron al último, cuando corrí al auto y fingieron escándalo pateando el auto de mi cuñado. Los cuatro nos reímos como curas borrachos rumbo al burdel. En ese momentó sólo pude atinar a cantar, sí, adivinan, Uo mamá, Uo mamá, ella me ha besado, uo mo mamá, y como siempre expuse el cometario ¿por qué se acuerda de su mamá?. Reímos como curas borrachos saliendo del burdel.

A la fecha no se ha resuelto el dilema materno-pabloruiziano. No quisimos abundar en las teorías que reyaban en la homofobia, de hecho Pablito no escribió la letra de la canción, pero… qué tal la hubiera “sugerido a huevo” y ahí pudiera exculparse del hecho de que algunas vez se haya enamorado de su madre, de qué él, gustoso, hubiera dado lo que fuera por regresar a los meses de nacido para regresar al seno (senos) de la madre; qué tal si en el cúlmen de la exitación infantil quasi pubértica veía a su santa con ojos de amor malsano y que un día, aprovechándose de que su madre le tendía el manto protector, Pablo, el hombre, le hubiera tomado por el cogote y la hubiera besado lengua de por medio. Realicemos una breve exégesis de la letra.

Ella es mi amiga (una madre es siempre la mejor amiga),
Mi amiga fiel (¿quién más fiel que una madre?)
Es una dulce gota de miel juega en mi mente sin descansar (miel es dulce, dulce es madre, no descansa obvio porque se desvive por su hijo)

Besa mis labios (ay mamá, ya te pasaste un poquito),
Me hace vibrar (y besa bien la jefecita).

Oh mamá (quitémosle el “ella”) me ha besado
oh mamá estoy enamorado ( pues así cómo no me enamoro).
Oh mamá (ella) me ha besado
oh mamá estoy enamorado (de ella)
oh (pongamos: se siente raro porque es…) …mi mamá.

Abrazo el aire cuando no está (Pablito se ve que ya está bien transtornadito y no es para menos)
Pensando en ella puedo soñar (le ha de haber dado de esa materia que contiene el sueño de los héroes)

Sé que la quiero tal como es (viejita y todo pero sabrocita)
Simple y silvestre niña y mujer (uff un volcán de mamá)

coros, se repite.

Pablito, a mi no me queda duda, eres un pillín.

Weng Weng me gusta porque tiene actitud. Weng Weng me parece correcto porque toma cocacola de la botella y no del vaso como un pichicato. Weng Weng me cae bien porque enamora a mujeres guapas del doble de estatura y peso. Aprecio a Weng Weng porque puede pegarle a la gente en los bajos y nadie se lo puede reprochar y cuando acuchilla sólo lo puede hacer en el bajo vientre y esta es una muerte dolorosísima, que es el tipo de muerte que se merecen los criminales del cine. Lo mejor es Weng Weng es que en lugar de decir manos arriba, decía manos abajo, donde él las podía ver. Weng Weng nació enano,  casi calvo, bajo el signo de virgo y en lugar de analizarse para posteriormente tirarse a un pozo filipino estudió artes marciales, hizo carrera en el cine y en la televisión; también lo admiro porque hizo un dueto con Imelda Marcos cantando My Way: pocos más que ellos hicieron las cosas a su manera y por eso me gusta.