Con arreglos de Chucho Ferrer…
Mayo 27, 2008
ra:
A veces quisiera qua ya no hubiera nada entre nos, sólo para poner este video a todo volumen y que la canción se adecuara a la situación triste, bochornosa, desperdiciada de habernos dicho adiós ra, adiós ru.
ru.
Qué cursis somos. Qué cursis somos tú y yo, y en general casi todos los mexicanos. Qué triste.
No sé por qué tenía en mi memoria que yo de chiquito había visto el II Festival de la Canción Latina. Pude haber jurado, inclusive, que yo había estado en el auditorio, que yo le había aventado flores a José José, que yo estaba sentado al lado de una berreante Angélica María, que me bajé porque me daba pena pensar si lloraba porque la habían dejado o la estaba dejando el tiempo, pinche tiempo, o simplemente porque un príncipe la puso triste, que bajando los escalones me encontré a Marco Antonio Muñiz, con la quijada trabada, con la mirada perdida por la coca que, decían, se metía, o porque se había enamorado del Príncipe y algo nacía y se rompía dentro de él o porque un grande puede admirar a otro grande, afirmaría tajantemente que Alberto Vázquez, con su icónico cigarro, de tanto manotazo se había roto el tercer y cuarto metatarsiano, y que no lo importó y que sus dedos sonaban como matraca. pero recordaba que El Príncipe había ganado ese concurso, y ahora que me encontré este video en Youtube me doy cuenta que quedó en tercer lugar a pesar de lo que decía la gente, y también caí en razón de que ese festival sucedió en 1970, a 5 años de mi primer cumpleaños y me di cuenta de que por causa del tiempo no podía haber yo estado ahí, por el pinche tiempo namás.
Recuerdo que José José vivió mucho tiempo en la sala de mi casa de Pisagüa, en Valle del Tepeyac, tan lejos de Dios y tan cerca de Lindavista. Ahí se paseaba madrugadas enteras, se bebía cubas que insuficentes para acallar sus cantos se bebían en en cubetas de acero que sí oxidaba. ¿Cómo venía El Príncipe a mi casa? Lo invitaba mi tío León, y lo recibía mi padre y mi madre y muchos amigos que cantaban y lloraban porque todos eran bien cursis. Y yo desde mi cuarto sólo esperaba el momento en que el alcohol, que bien dice Homero Simpson que es el remedio y la causa de todos lo males, cumpliera su cometido fatídico y despertara todas las pasiones que guardaba en la gargánta de Pepepepe, y desatara reclamos y rencores y comenzara una pelea de gallos en forma de gritos.
Recuerdo a mi primer novia y a mis amigos en mi cuarto de azotea con un par de botellas de ron y oyendo, al final, al agotamiento de las botellas, al Príncipe, como tratando de recuperar esas épocas y reparándolas porque nosotros no peleábamos, nosotros curábamos esas épocas cantando todos: quéeeee tristeeeee fue deciiiirnos adióooos..
No sé cuándo José José dejó de ser el príncipe para convertirse en el sapo de la canción, revés de cuento desafortunado donde el villano es el tiempo. Pinche tiempo. Qué triste.
Adiós dulce Príncipe, adiós triste Príncipe, nos dejaste tu voz y no te guardaste nada y por eso ahora nos puedes ni hablar. Sayonara Triste José, nos dejaste tu imagen en YouTube y nos heredaste una forma de beber: -¿Cómo quiere su cubita joven?- me señala el mesero apuntando hacia el vaso. -Como las de José José- le respondo, sabiendo que me voy a poner pedísimo.